lunes, 24 de febrero de 2014

Literatura, periodismo y masificación



La dimensión ensayística de GERMÁN ESPINOSA es asombrosa. La fuerza de su pensamiento sorprende porque parece iluminar nuestroS tiempos oscuros. Vamos a citar algunos fragmentos de su ensayo "LITERATURA, PERIODISMO Y MASIFICACIÓN" (La liebre en la luna, Ensayos completos I):

Por Germán Espinosa 

"Hace ya treinta años, en entrevista que publicó The Paris Review y que recogió más tarde en volumen The Viking Press, el novelista estadounidense Ernest Hemingway, contrariando las previsiones de quien le interrogaba, declaró que "el periodismo, cuando se llega a cierto punto, puede ser una autodestrucción cotidiana para un escritor creador serio". Sobra agregar que quien lo decía había sido, en su juventud, uno de los periodistas más notables de su generación, al extremo de que, aun hoy, cierta crítica morosa insiste en hallar en las novelas de Hemingway rezagos de estilo periodístico. 

                              
                            "La confusión tiene vario origen. Por una parte, existe acusada tendencia, en determinadas escuelas de crítica, a asimilar al mal llamado "estilo periodístico" toda escritura que, rehuyendo las complejidades barrocas, procure simplificar los adornos estilísticos y emplear un lenguaje claro, dirigido a las mayorías. Por otra, no debe olvidarse que, en sus orígenes, el periodismo fue asumido como un género literario, posibilidad que ya en el siglo XIX rechazaba don Juan Valera. En realidad, ninguno de los dos planteos es aceptable. En primer término, al trabajo periodístico no lo define en modo alguno el estilo. 

[...]

Su implantación como negocio y no como expediente formativo, llevó aparejada una intención política: la masificación, consistente en uniformar el pensamiento de las mayorías al más bajo nivel posible, con lo cual se conseguía la doble meta de halagarlas más fácilmente desde el punto de vista comercial y de hacer más expedita su manipulación desde el punto de vista ideológico. 

[...]

Así, el pensamiento filosófico, al par que las ciencias y las artes, quedaron relegados a secciones especializadas, que hoy han llegado casi a evaporarse. Dejaron de ser noticia. Se concedió atención a lo frívolo y pintoresco que granjearía la simpatía de multitudes de lectores. Sólo los desastres y la política permanecieron entre el material básico, pero esta última impregnada de todos los procedimientos emotivos y subliminales propios de la propaganda. "¿Dónde está el conocimiento perdido en la información?", se preguntaba T. S. Eliot. El curioso fenómeno subsiguiente consistió en que, muy pronto, aun las capas sociales tradicionalmente cultas cayeron hipnotizados por los medios de comunicación, se masificaron para adherir a comportamientos y gustos antes sólo propios de las clases incultas. Como un ejemplo, bastaría ver de qué modo la clase alta bogotana, en la actualidad, utiliza preferente y mayoritariamente la jerga del pueblo bajo, al punto de llegar a creerla de buen tono. No es, claro, que la haya aprendido a través de los medios de comunicación; pero éstos, al exaltar los valores procedentes del sustrato cultural más bajo, excitan esa fascinación que termina por hacer tabla rasa de toda jerarquía estamental. En nuestros días, no sólo la sociedad capitalista, sino la izquierda socialista intentan sacar todo el provecho que pueden de la monstruosa masificación universal originada en la información, olvidando que todo proceso evolutivo se realiza exactamente a la inversa, esto es, mediante una propensión general a los grados de excelencia. No logra, por desdicha, la informática llenar esas deficiencias, dada su incapacidad para imprimir a la información un sentido estructural, orgánico, flexible.

[...]

"La psicología, en los días que corren, no duda en postular de qué manera en un futuro muy cercano el mundo será hollado sólo por hombres atenaceados por la ansiedad y la inquietud, olvidados del sentido de los fenómenos, incapaces de creación individual, agresivos, nerviosos, malhumorados, destruido su ego, despersonalizados y agobiados por una insoportable crisis de identidad. Hombres-masa, en fin [...]". 

Nota: Tomado de Ensayos Completos I, Editorial Universidad EAFIT, Medellín, 2002.      



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