sábado, 21 de octubre de 2017

Espinosa lee el comienzo La tejedora de coronas


Hace poco, los del Colectivo PostOfficeCowboys, subieron al YouTube una grabación, filmada en 2003, en la que aparece Germán Espinosa leyendo el comienzo de La tejedora de coronas. Se nota el timbre suave y melancólico de su voz, acaso ya aquejada por el cigarro. Todo parece indicar que la grabación tuvo lugar en el apartamento de Espinosa, el 1003, de la torre 3 del conjunto residencial de las Torres Jiménez de Quesada. La luz tibia de la mañana bogotana iluminaba aquella vez el rostro de Espinosa. 

domingo, 30 de abril de 2017

Dos poemas de Espinosa

Si viviera Espinosa cumpliría hoy 79 años. Nació un 30 de abril (Noche de Walpurgis o comienzo de la primavera en la zona norte del planeta) en 1938. Desapareció hace 10 años (2007). Por cierto que la Feria del Libro de Bogotá no ha rendido ningún homenaje a Espinosa. En fin. Esta vez quisiéramos hablar de la obra en verso de Espinosa, de sus poemarios.   




Espinosa se inició con la poesía en verso, y aunque obtuvo más éxito y eficacia en la prosa narrativa, él mismo declaró que no era sino "un poeta que narra". Hay en sus versos, por eso mismo, una intención narrativa, y acaso ellos pueden ayudarnos a esclarecer sus obsesiones estilísticas y temáticas, o acaso a advertir porqué efectivamente resulta mejor prosista que versificador. 

En 1995 la editorial Arango Editores se animó a recoger siete de sus poemarios, de los cuales ponemos la fecha de escritura: Letanías del crepúsculo (1954), Canciones interludiales (1960), Libro de conjuros (1990), Claridad subterránea (1979), Coplas, retintines y regodeos de Juan, el mediocre (1974), Reinvención del amor (1984) y Diario de circunnavegante (1979). 

Llama la atención el poemario que redactó en Bogotá en septiembre de 1974, Coplas, retintines y regodeos de Juan, el mediocre, puesto que Espinosa nunca desarrolló a profundidad ese personaje en su obra novelística, es decir, el típico desempleado vestido como burócrata vagando de cafetín en cafetín, mediocre, de escasas lecturas. Citemos un par de versos: 

"Yo soy, 
pues, 
Juan, el mediocre; 
haciendo la pelotilla, 
siempre vestido de ocre; 
y soy Juan
el no profundo, 
Juan el no meditabundo
que pasa
sin pasaporte
sobre la bola del mundo. 

Sobre la bola 
del mundo, 
bajo el plafón
de zafir, 
¡duéleme el haber 
nacido
por tener 
que me morir. 
[...]
Y, amigos, algo
me dice 
que el mundo, ahíto de hiel, 
nunca me habrá 
perdonado
lo bastante
ni
      yo
            a 
                 él.

En cambio, en el poema titulado "Memoranza", fechado entre Atenas y Nairobi en 1977, sí que se advierte todo el conocimiento del mundo afro-colombiano del que Espinosa estuvo tan familiarizado durante su infancia cartagenera y que aparece, encarnado por el personaje Bernabé, con lujo de detalles en La tejedora de coronas. Aquí el poema: 

Entre la clara flora del Caribe, 
entre los laberintos del manglar que el sol desfleca, 
bajo la transparencia del azul antillano, 
sumidos en cloacas de miseria y de ron, resplandecientes 
de vida adamantina, 
un día conocí a los negros, erradicados y vibrantes, 
de sexo al aire libre y ojos encubiertos, 
los únicos terráqueos del planeta, 
los únicos que saben dónde pisan, 
únicos que no miran con nostalgia a los astros. 

- ¿Quiénes eran? - me dije -. ¿Qué dioses obscenos
erigían su mágica potencia
entre los muslos de estas mujeronas. 
en el mástil desnudo de estos machos, 
en los bíceps azules y el belfo maldiciente?
¿Por qué la sacrosanta mitología helénica
acordó bucles rubios a Dionysio, 
melada barba a Príapo? 

Largamente celebré con ellos el oficio de tinieblas del alcohol
antillano. 
[...]

Ustedes juzguen qué prefieren, si los versos o la prosa de Espinosa. 

sábado, 19 de diciembre de 2015

El viaje intelectual en "La tejedora de coronas"

Por Diana Hernández Suárez
Freie Universität Berlin
Instituto de Estudios Latinoamericanos
"Entre Espacios: Movimientos y actores de la globalización"


 –Diana Hernández Suárez, "El viaje intelectual en La tejedora de coronas"[ fragmentos de un ensayo originalmente publicado] en Cartografía de la literatura de viaje en Hispanoamérica, ed. de Daniar Chávez y Marcos Urdapilleta, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, 2015, pp. 147-164.  


Leer ensayo completo haciendo click aquí: Cartografía de la literatura de viaje


[...] Como se pretende mostrar en este ensayo, la interpretación y  comprensión de La tejedora de coronas está condicionada por el viaje, pues éste constituye no sólo el motivo de la narración –y del esfuerzo de la memoria de la protagonista–, sino que también estructura la forma de la narración, es decir, la organización de la novela está sujeta al viaje.  [...] La tejedora de coronas es una novela de viaje, que además sintetiza y recoge otros discursos de la época, pretendiendo con eso encerrar toda la experiencia del siglo de la Ilustración. 

Ahora bien, la organización y la estructura corresponden la transformación intelectual que implica un viaje. La formada de la La tejedora... no busca "modernizar" la prosa, sino respetar y devolver a la literatura el aliento de la vida por medio de la representación de la experiencia, del flujo de la rememoración y la transformación. 


Estructuralmente se puede hablar de una sola secuencia narrativa, dado que se trata de los viajes de Genoveva Alcocer, entrelazada o sostenida por dos momentos clave: el primero, el pasado inmediato al asalto en Cartagena de Indias por las tropas de Luis XVI en 1697; y, el segundo, el proceso por brujería de la narradora por el Santo Oficio de Indias, ya transcurrido más de la mitad del siglo XVIII. Estos dos momentos determinan el anclaje del relato de Genoveva, y el movimiento oscilatorio, pues constantemente la narradora explica cómo el asalto a Cartagena fue determinante  para impulsarla a realizar su larga travesía. Si bien, tanto el proceso inquisitorial como la invasión al principal de Nueva Granada son importantes en el desarrollo histórico, es el viaje por el mundo occidental el elemento clave para narrar la experiencia del ambiente intelectual del siglo XVIII. 

[...]

En La tejedora de coronas el esquema de la novela de aventuras y de viajes, además de dar dinamismo al relato opera al servicio de una dimensión intelectual, como una aventura por la historia o un viaje de aprendizaje. Más que un aprendizaje moral o un crecimiento psicológico de la protagonista otorgado por el viaje, obtiene de éste una inmersión en el devenir histórico del siglo XVIII. Por medio de este viaje intelelectual el personaje refleja todo el universo científico, cultural e ideológico de una época. Sobre la dimensión de la memoria en la narración de La tejedora de coronas prevalece la dimensión del viaje. La novela se centra, ante todo, en el recorrido de Genoveva, si bien la narración se desborda en datos históricos, científicos y políticos del siglo XVIII, el recuento histórico y la reconstrucción del pasado importan sólo en la medida en que se relacionan con los viajes de la protagonista, en su experiencia...

Leer ensayo completo haciendo click aquí: Cartografía de la literatura de viaje 


sábado, 3 de octubre de 2015

Memorias del Primer Coloquio sobre Germán Espinosa





El 16 de septiembre de 2015, casi ocho años después de su desaparición, el escritor Germán Espinosa nos ha convocado a sus críticos y lectores en el auditorio de la Universidad del Norte en Barranquilla, Colombia, para hablar de su vida y de sus obras. Se trata sin duda del Primer Coloquio dedicado al autor de La tejedora de coronas. Ha sido organizado por el profesor Orlando Araujo Fontalvo en el marco del III Congreso Internacional de Literatura.

 Resumiré aquí las ponencias de los especialistas en su obra. Las escuché todas. Procuraré ser fiel a lo que dijeron:


Orlando Araújo Fontalvo (Universidad del Norte), “De la nación católica y otras perversiones. Una aproximación al erotismo en los cuentos de Germán Espinosa”.


Antes de su tesis doctoral, en un ensayo de 2012, Orlando Araújo Fontalvo advirtió un rasgo muy interesante en la biografía intelectual de Espinosa. Observó que el hecho que desencadenó el interés por nuestro escritor fue la lectura atenta que el sacerdote jesuita Marino Troncoso, director del departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, hizo de La tejedora de coronas (1982). Aquello significó, en palabras suyas, “la absolución, la redención para quien, hasta entonces, había sido visto como una especie de anticristo literario.”[3] En adelante, según Orlando, Espinosa se legitimó dentro de la academia universitaria. No por ese rasgo de redención, sin embargo, Orlando exculpa al catolicismo de ser el principal objeto crítico en la cuentística de Espinosa. Eros a contraluz (2015), su tesis doctoral, se estructura bajo la idea de que Espinosa concibió el erotismo como una especie de transgresión contra un clero y una burguesía que restringían la sexualidad a cambio de exaltar una cultura de la muerte. Por eso, para Orlando, el erotismo de Espinosa es un canto de vitalidad y una crítica contra el poder.


.

Carmen Elisa Acosta (Universidad Nacional, sede Bogotá): “Estrategia y narrativa en Germán Espinosa

Para Carmen Elisa Acosta, con mucha razón, Espinosa no es solamente un escritor “caribeño” si en su corpus hay cuando menos tres novelas bogotanas: La lluvia en el rastrojo, La tragedia de Belinda Elsner y Los ojos del basilisco. Para esta última, en especial, Carmen Elisa encontró muy aplicable una frase de Borges: “las historias son siempre las mismas, sólo cambia el narrador”. Porque en Los ojos del basilisco, en efecto, Espinosa narra un episodio histórico muy comentado de mediados del siglo XIX en Bogotá, el fusilamiento del Dr. Russi, pero cambiando de enfoque. Espinosa descubre el mecanismo del chivo expiatorio en los políticos liberales y conservadores. No sólo cuestiona la historiografía oficial; también desestabiliza el presente. O en palabras de Carmen Elisa: “el valor de la novela frente a la conciencia histórica está precisamente en esta posibilidad de construir un mundo coherente en el cual se encuentra una fractura fundamental que permite al lector detenerse y cuestionar su relación con el pasado.”[1]  
           
César Valencia Solanilla (Universidad Tecnológica de Pereira): “Variaciones sobre la estructura en la cuentística de Germán Espinosa”:

De Cesar Valencia Solanilla ya había leído un estupendo ensayo sobre La balada del pajarillo (2001), la antepenúltima novela de Espinosa.[2] Ahora he vuelto a escucharlo repasando los libros de cuento de Espinosa: La noche de la trapa (1965), Los doce infiernos (1976), Noticias de un convento frente al mar (1988), El naipe negro (1998) y Romanza para murciélagos (1999). En semejante corpus cuentístico de Espinosa, según Valencia Solanilla, hay siempre una idea para plantear o discutir, más allá de la simple anécdota, lo que lleva el lenguaje espinosiano a ser muy elaborado, es decir, a presentar una variada gama de posibilidades expresivas. Así, de acuerdo con Valencia Solanila, la literatura de Espinosa dialoga con la cultura, la cuestiona, la vuelve de un lado para otro.


Juan Moreno Blanco (Universidad del Valle), “El intertexto en Los cortejos del diablo y Del amor y otros demonios”.

Juan Moreno Blanco (su nombre es todo un oxímoron) deslizó en su conferencia varios datos curiosos, como el de que García Márquez se inspiró, para su novela Del amor y otros demonios (1994), en Los cortejos del diablo (1970) de Espinosa. Para Moreno Blanco, Los cortejos del diablo es una de las primeras novelas colombianas en romper y abrir un pasado que parece clausurado y concluido, el de la Inquisición cartagenera. Espinosa hace aparecer desde luego a un personaje real, Pedro Claver, el santo de los esclavos, y al mismo tiempo a uno imaginario, Lorenzo Spinoza, espectro del filósofo Baruch Spinoza, que por esos años –1650– seguramente negociaba desde Ámsterdam con sefardíes del Caribe. Espinosa se enfrenta con la historiografía oficial, la vuelve de un lado para otro, la cuestiona, la hace presente. Y el profesor Juan Moreno Blanco pone a Espinosa por encima de muchos novelistas colombianos, no sólo por la calidad de su lenguaje, sino porque se aleja de la mirada estrecha, homogénea y endógena de novelistas demasiado autorreferenciales, “ciegos y sordos al crisol de culturas, historias y memorias”.[4]

Manuel Silva Rodríguez (Universidad del Valle): “De hechiceras y brujas: inquietudes sobre la configuración de una idea de mujer en las ficciones históricas de Germán Espinosa.”

Manuel Silva Rodríguez hizo su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Barcelona. La tituló Las novelas históricas de Germán Espinosa (2008).  En ella ya acusaba un marcado interés por los personajes femeninos de Espinosa, que sin duda defienden la habilidad y la inteligencia de la mujer. Sus apuntes se enfocaron en proponer que el agente transgresor, en el mundo espinosiano, suele ser siempre una mujer: Catalina de Alcántara y Rosaura García en Los cortejos del diablo; Genoveva Alcócer en La tejedora de coronas, sin olvidar a Aspálata en El signo del pez. Ellas perturban el mundo machista; cuestionan la autoridad oficial y, sobre todo, erotizan –elastizan– la rigidez mental de cualquier forma de pensamiento.

Guillermo Ortega (Universidad del Atlántico), “Brujería, cimarronismo e inquisición en Los cortejos del diablo”.

Se apoda Guillermo Tedio, pero no produce nada de tedio. Al contrario, Guillermo animó su ponencia citando extractos de Los cortejos del diablo, en donde Espinosa sorprende por su dominio de las formaciones discursivas de la negrería y de la hechicería y, por supuesto, de la escatología de la picaresca española:
“Y las brujas bajaron y alzaron el cuerpo monumental del Inquisidor por los aires impregnados de azufre, para conducirlo a Tolú, tierra del bálsamo, donde por toda la eternidad habría de besar a Buziraco -el espíritu de Luis Andrea- su salvohonor negro y hediondo. […] “-¡Zopenco de mí, que un día me vi en sueños Papa de Roma! ¡Bien merecido lo tenía ! ¡Güevón de mí... !”

Al final de su ponencia, además, Guillermo Tedio deslizó la idea de que en Los cortejos… efectivamente Espinosa parodiara una escena de Cien años de soledad: la de Remedios la Bella ascendiendo al cielo.


Sebastián Pineda Buitrago (El Colegio de México): "Ensayo y autobiografía en Germán Espinosa: un novelista de ideas". 

Mi ponencia fue muy polémica. Sostuve que Espinosa era demasiado escritor para haberle rendido tanta servidumbre a la  novela. Tenia demasiado que decir sobre el cuerpo de una mujer; sobre un balcón o el patio de una casa (aquí recuerdo, por ejemplo, el comienzo de Cuando besan las sombras). Sus novelas se le obturaban por exceso de material, aunque en La tejedora de coronas encontró la fórmula  genial para dar fluidez a esa espesa materia de escritor: el poema en prosa de largo aliento. Las demás novelas pueden ser, pues, ensayos. 








[1] Carmen Elisa Acosta Peñaranda, “De la conjetura histórica a Los ojos del basilisco”, en Germán Espinosa. Señas del amanuense, ed. de Cristo Rafael Figueroa, Luz Mary Giraldo, Carmen Elisa Acosta, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2008, pp. 235-246, p. 240.
[2] Véase César Valencia Solanilla, “Los misterios de la diosa blanca en La balada del pajarillo”, en Germán Espinosa. Señas del amanuense, ed. de Cristo Rafael Figueroa Sánchez, Luz Mary Giraldo Bermúdez y Carmen Elisa Acosta Peñaloza, Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2008, pp. 293-300.
[3] Orlando Araujo Fontalvo, “Las contingencias del valor en la dinámica de los discursos institucionales. El caso de Germán Espinosa”, en Nostalgia y mito: ensayos de crítica literaria, Universidad del Norte, Barranquilla, 2012, p. 25.
[4] Juan Moreno Blanco, Novela histórica colombiana e historiografía teleológica a finales del siglo XX, Universidad del Valle Programa Editorial, Cali, 2015, p. 110.  

viernes, 24 de abril de 2015

La bruja de San Antero al teatro

A Germán Espinosa, donde quiera que el mar lo haya arrojado, le hubiera encantado esta puesta en escena de su novela con los diálogos de la Bruja de San Antero.