lunes, 23 de julio de 2007

Cuando besan las sombras


Germán Espinosa.
Cuando besan las sombras.
Alfaguara. Bogotá, 2004


Por: Sebastián Pineda Buitrago

Cuando besan las sombras tiene nombre de bolero. Acaso por aquello de: “sombras nada más / entre tu vida y mi vida…” Y no está lejos de serlo, pues se trata de la novela más musical de Germán Espinosa. El protagonista, Fernando Ayer, es músico – hasta su nombre resulta evocativo y sugerente. Y mientras el argumento se arma y desenvuelve, Fernando Ayer va componiendo y arreglando su Sinfonía del espectro. Según el diario que lleva – y en que está vertida parte de la novela –, comienza la sinfonía el 31 de diciembre del año 2002. Será su sinfonía número 1. Fernando Ayer, prodigio desde niño de la música clásica, posee menos de treinta años, y acaba de regresar de estudios en el exterior, emparejado con la joven norteamericana Marilyn. Ambos comienzan a habitar una casa colonial en el barrio la Manga de Cartagena de Indias, parecida a la que habitó el autor de niño y que nos describe en sus memorias La verdad sea dicha (2003). El mar, siempre el mar y la atmósfera del Caribe, siguen siendo esenciales para la literatura de Germán Espinosa. Y cartagenero como su creador, costeño, el músico Fernando Ayer no se da a urdir vallenatos ni mucho menos reguetón, sino a componer música sinfónica y al mejor estilo de los compositores clásicos. Al principio quiere que su sinfonía finalice, según él, “con una marcha fúnebre en honor de los muertos incalculables que ha acarreado la guerra en que hace veinte años vive sumido mi país”. Empezará, siguiendo a Mahler, con un Moderato; seguirá con un Scherzo en si bemol mayor, y se interrumpirá con un Poco Moderato en un compás de 6/8. Pero ya veremos en que terminará esta sinfonía.

La trama de la novela explota mientras Marilyn y Fernando Ayer hacen el amor: explota no con los gemidos orgásmicos de ella, sino con los sollozos quejumbrosos de una mujer-espanto, oculta en los interiores vetustos de la casa colonial. Para averiguar qué es realmente lo que ocurre, Fernando Ayer solicita desde parapsicólogos, pasando por noticias de quien había habitado la casa antes, hasta la crónica de un periodista puertorriqueño de principios del siglo XX. La inserción de esta crónica-imaginaria es tal vez lo mejor de la novela: una parte transcurre en el París de la Belle-Epoque, donde aparece Oscar Wilde; otra en Buenas Aires, y otra entre Puerto Rico y Cartagena. Esta crónica-ficción divide el diario de Fernando Ayer. Antes fue el misterio del espanto femenino y el intento por averiguar de dónde y por qué provienen sus gemidos lastimeros. Y después, medio resuelto el misterio, el desenlace de los acontecimientos. Conviene no contarlos. Apenas sugerirlos: y digamos que, en efecto, las sombras se besan desde el fondo de los lustros.

Cuando besan las sombras es literatura fantástica en su más alto grado. Es literatura amorosa en su cabal expresión. Germán Espinosa es un novelista del amor, no al modo cursi, corriente, dulzón, sino al modo fantástico, lleno de inteligencia: “El ser humano está en capacidad de amar en forma múltiple. No se trata, por supuesto, de cohonestar ciertas promiscuidades detestables. Sí de permitirle a un espíritu repartirse entre amores sinceros.” (Pág. 242). El amor, en su obra, se nutre de cultura y erudición. Narra la sazón psicológica por la cual reaccionamos de tal o esta manera, descubriendo cómo nos influyen desde el medio en que nos criaron, pasando por un libro leído al azar, hasta reencarnaciones pasadas, cuyos amores y tormentos, como vemos en esta novela, heredamos. Lo fantástico y culto de Cuando besan las sombras no significa que eluda la realidad social, política y artística de Colombia. Por el contrario, sin perder la prosa literaria, muestra el terrorismo de la guerrilla y la mediocridad de ciertos medios colombianos, entre éstos los bogotanos, que niegan, precisamente, los grandes valores de la cultura colombiana.

¿Quién ha escuchado o siquiera sabe del compositor cartagenero Adolfo Mejía? ¿Cuántos colombianos “cultos” tienen en su casa piezas de Luis A. Calvo? O sin irnos más lejos, ¿por qué sigue exaltándose y enseñándose solo a García Márquez cuando la obra literaria de Germán Espinosa, como el sol, ya no puede taparse con la palma de la mano? Las academias de Colombia viven como cansadas: negando lo inteligente y vigoroso, cual gallinas temerosas de que el aleteo de una águila cercana venga a cuestionar sus corrillos, su folclor, esto es, su falso populismo. Cuando besan las sombras es perceptible para todos; lo puede leer y gozar el académico y el obrero, el neófito y el maestro. En sus páginas queda sugerida la construcción de la Sinfonía del espectro, a la carta para cualquier músico profesional. Y como en el fondo no vemos diferencia entre música culta y música popular, la lectura total de la novela nos deja la sensación de un bolero moderno: porque cuando las sombras besan el amor alcanza gran intensidad; ha superado los rencores, vencido el olvido, trascendido la vida, y es “amor constante más allá de la muerte”, como dice el poema de Quevedo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaría saber si tiene usted este libro en formato pdf. Gracias

Anónimo dijo...

Realmente este libro me encanto habla sobre tantos temas, se aprende sobre tantas cosas, el protagonista se encuentra sin saber que camino elegir y es tan atrapadora. acabo de terminarlo y no se si pueda encontrar un libro que se le comparare. yo estoy muerta de amor por esta gran gran novela.