domingo, 1 de abril de 2012

La desconfianza es el primer peldaño hacia la soledad

Portada de El signo del pez
"¿Sabías que la desconfianza es el primer peldaño hacia la soledad"?
Quien desconfía se va quedando solo. Sin amigos. Sin amor. No hay que hacer tanto caso de las palabras.

"¿Tan niña eres que te asustas todavía de las palabras? ¿Que llegas al extremo de confundirlas con realidades? Si así fuera, entonces la mentira podría ascender al rango de lo sagrado. Hace tiempos los griegos sabemos que las palabras no son otra cosa que representaciones de conceptos, verdaderos o falsos". (p. 134).

"Te equivocas –cas gritó entre sollozos [Aspálata]–. Nunca me has defraudado. Eres lo que sueño que eres, lo que deseé que fueras. Soy yo la que se defraudó a sí misma. La que te defrauda a ti. Soy inferior a ti. Soy un estorbo para ti. Te amo, te amo demasiado y por eso debo alejarme de ti". (p. 168).

Hay que advertir una cosa. "Que no es el hombre, por libre albedrío o por la flaqueza de su carne, como parecía sugerirlo la tradición hebraica, el que labra su desdicha, sino, en buena medida, poderes sociales que deben ser sometidos a un orden ético".

En caso de conflicto, ¿qué hacer entonces?

"La fuga no es, por cierto, recomendable. Quien se oculta, pensó, redobla el valor del enemigo. Quien huye invita a que se le persiga. Quien se resiste ignora el poder de Dios. No; lo mejor es esperar". (p. 268)

"Aquella raza griega que llegó a hacer del conocimiento una especie de fiesta y que deseó extraer de la paideia un hombre nuevo, transformado casi absolutamente por la educación". (p. 207)

"Clarificar, clarificar el mundo a toda costa".

Explicación de cómo los griegos concibieron la noción del individuo:

"Un telasonio, entre risas, condescendió a explicarle que una piedra no podía ser un individuo, puesto que, si se le rompe, cada pedazo sigue siendo por sí solo una piedra. En cambio, el fragmento de una tortuga no era ya una tortuga, por lo cual metafísicamente la tortuga era indivisible, era un individuo. En otras palabras, se tenía por individual aquello que podía ser sujeto de uno o más predicados, pero él mismo no podía ser predicado de otro sujeto, explicación aristotélica que lo turbó. Comprendió que mientras los helenos actuaban con estricta independencia, los demás pueblos del mundo lo hacían a la manera de colmenas o de hormigueros regidos por una mente gregaria e infinitamente divisible". (p. 195)

"No hay en el mundo encuentro casual que no sea, secreta o misteriosamente, una cita". (p.132)


1 comentario:

Sebastian Pineda Buitrago dijo...

Me recuerda una frase de Epícteto: "No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de ellas".