Por Sebastián Pineda Buitrago
El problema de las novelas de ideas es que cada vez son más escasas. "Su principal inconveniente", decía Aldous Huxley, el autor de "Un Mundo Felix", estriba en que el novelista debe escribir acerca de personas con ideas por manifestar o discutir, lo cual excluye a un 99 % de la raza humana. Acaso tenga razón. Acaso esa exclusividad nos lleva a considerar a ese tipo de escritores, sin duda, de culto: novelistas de culto.
En 1963, el joven Germán Espinosa (de 25 años) escribe una pequeña nota con motivo de la muerte de, para él, uno de los mejores novelistas ingleses del siglo XX: ALDOUS HUXLEY. La noticia había pasado desapercibida en Colombia porque los diarios, ayer como hoy, vivían sólo interesados en escándalos políticos. La muerte de Huxley, en Los Ángeles, motivó a Espinosa a trazar un perfil del gran novelista inglés. Citemos parte de su texto de entonces:
"La primera de las novelas de Huxley en caer en caer en mis manos fue la titulada, en español, "Viejo muere el cisne", publicada por la editorial Losada, de Buenos Aires, en su colección de las grandes novelas de nuestra época. En ella, intenta Huxley demostrar su teoría de ser el hombre un mono joven. Un investigador, en Los Ángeles, financiado por un ricachón, examina el diario de un aristócrata inglés del siglo XVIII. Interpretando el documento, concluye que dicho aristócrata vive todavía en un sótano de su castillo, en compañía de su mujer, con quien se sometió a experimentos de larga vida fundados en una sustancia extraída de la carpa. El millonario amaericano le costea el viaje a Inglaterra y el investigador descubre, en el referido sótano, una pareja de monos incapaz de comunicarse intelectualmente". ("Los oficios y los años", 2002).
He terminado de leer, hace poco, "Viejo muere el cisne". Lo que he subruyado de tan grata novela me parece que son temas que precursan, en parte, a Espinosa. Sobre todo con respecto al mundo político. Espinosa habla en sus "Novelas del Poder y de la Infamia" de algo supremamente revelador. Anarquista:
"Creo que toda persona que está en el poder sufre algún tipo de locura, porque no ve la realidad directamente sino a través de una camarilla. Se ve en cualquier gobierno: esa persona llama a sus amigos para que le ayuden y lo rodean de tal manera que toda percepción del mundo viene a través de esas personas. Entonces, hay una desconexión de la realidad y eso se llama locura. De alguna manera, el gobernante está sumido en la locura".
Espinosa, en verdad, había meditado y padecido mucho a los políticos colombianos (Laureano Gómez, Lleras Camargo, López, sobre todo López, Belisaurio, parte de Uribe, ect.) para dar con semejante reflexión. Y, sin duda, había leído mucho y recordaba, como un eco, "Viejo muere el cisne" de Aldous Huxley. Voy a citar parte de las frases que he subrayado del escritor inglés.
"Los políticos", dice Aldoux Huxley en Viejo muere el cisne, "desconocen la naturaleza de la realidad. Si no la desconocieran, no serían políticos. Todos, reaccionarios o revolucionarios, viven en un mundo de ilusión, un mundo que no es sino una proyección de su personalidad humana. Obran como fuera pertinente que obran si el mundo que imaginan existiera realmente. Pero desgraciadamente no existe más que en su imaginación. De aquí que nada de cuanto hacen sea apropiado para el mundo real" (capítulo X).
De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. "Cruzarse de brazos y tener buenos modales", dice Huxley, "sirve mucho más que precipitarse de un lado a otro tratando de arreglar el mundo". El peligro de la retórica. "Cuán desastroso no es un hombre que sabe cómo decir cosas equivocadas de una manera apropiada". Pero "¡cuán pocos son los estilistas que han dicho jamás cosa alguna justa y verdadera!". "El hombre no vive sólo de pan; pero si se empeña en nutrir la mente de tonterías, no logrará ni siquiera el pan". Eso ha pasado en Colombia. Cierta gente se ha nutrido de un mal género de ideologías que los atarean en matar a sus semejantes en el nombre ya de Dios, de la patria o de la justicia social, sin tiempo de cultivar sus campos. Lo relató de manera estupenda Espinosa en su novela "El magnicidio" (1979). Milton, cuyo Paraíso perdido tanto inspiró a Espinosa y a Huxley, sostuvo que la existencia de la religión - y de la política - depende del uso pintoresco del lenguaje inmoderado. Milton agregó además que el problema del mundo está dentro del alma y no en la organización social. En todo caso, admite que nuestro mundo es obra de la mentira y de la maldad. Lucifer cesará de soñar, y los humanos no habremos existido jamás.
Aunque con el tiempo nos merecemos el anarquismo, o que no haya gobiernos como dijo Borges, por el momento es ilusorio. "Las masas", confiesa Huxley, "son incapaces de emancipación y harto ineptas para dirigir sus propios destinos. El gobierno ha de estar siempre en manos de tiranos y oligarcas".
En otra de sus magníficas novelas, CONTRAPUNTO - en inglés "Point counter point" (1928) - Huxley se dio cuenta que la política es una mentira admitida. Los humanos estamos muy ocupados en nuestros propios asuntos internos (de ahí que el problema esté más en el alma) y toda sociedad cobra la imagen o el sonido de una orquesta desafinada: "Each is always alone and separate and individual. “I am I”, asserts the violin; “the world resolves around me”. “Round me”, calls the cello. “Round me”, the flute insists. And all are equally right and equally wrong; and none of them will listen to the others". Espinosa terminó por admitir, medio en broma medio en veras, que acaso resulte más fructífero ser fieles a nuestros triviales errores que a una verdad fatal que nos aniquile.
viernes 6 de noviembre de 2009
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